La depresión: una enfermedad que afecta a la economía

Primero de todo veamos la definición de depresión. Según la Organización Mundial de la Salud, quien la incluyó entre los problemas de salud más graves del mundo, define a esta enfermedad principalmente como un trastorno mental frecuente. El 23 de Febrero es el Día internacional para la conciencia de la depresión, aunque a menudo se subestiman a las personas que la sufren.

 

La depresión es una "enfermedad democrática" que afecta a personas de diferentes grupos sociales y educación, desde niños y adolescentes hasta adultos. La conciencia de la depresión como una enfermedad tipo sigue siendo demasiado pequeño, y los síntomas tales como el mal humor, estrés, la falta de voluntad de vivir o fatiga crónica a menudo se consideran de bajo coste económico.

 

 

¿Qué síntomas pueden indicar depresión?

 

El trastorno depresivo no es sólo un estado de ánimo deprimido y la incapacidad de actuar, sino toda una serie de síntomas que persisten durante al menos dos semanas tal y como los psicólogos señalan. Éstos incluyen una variedad de áreas, desde el estado de ánimo (por ejemplo una depresión abrumadora), pensamientos (una sensación de falta de sentido), acción (carencia de toma de decisiones) e incluso síntomas físicos (dolor de espalda).

 

La depresión puede tener un impacto significativo que afecta a la calidad de vida, obstaculiza el funcionamiento normal de cualquiera persona y no les permite desarrollarse con normalidad en aspectos cuotidianos como el trabajo.

 

 

Todos soportamos los costes de la depresión

 

Las empresas deberían poner más atención en las personas que sufren de depresión. Resulta que los costes asociados con esta enfermedad están en constante crecimiento y en México por ejemplo superan los 800 millones de pesos mensuales debido al ausentismo laboral entre sus principales causas. Se calcula que más de 4 millones de mexicanos se ausentan una media de 2-3 al mes.

 

De acuerdo con el informe elaborado por la King’s College y la London School of Economics and Political Science, la falta continuada de productividad y el ausentismo laboral son las principales consecuencias económicas de la depresión.

 

Resulta que:

  • 20-55% de los trabajadores diagnosticado con depresión se benefician de una baja por enfermedad.
  • Las personas con una educación superior son menos propensas a solicitar una baja por enfermedad y si lo hicieran, son reacios a dar los motivos de la baja por miedo al despido.
  • El 20% de los trabajadores declaran haber sido diagnosticados con depresión.

 

Este informe también llega a la conclusión que es responsabilidad de los dirigentes de la empresa el crear un ambiente de trabajo de confianza y apoyo donde las personas propensas a sufrir depresión, ansiedad o estrés no se sientan estigmatizadas por ello.

 

Al revés de lo que se pueda llegar a pensar, el hecho de ofrecer flexibilidad o periodos de baja o desconexión al empleado no resulta la mejor solución. Estas soluciones favorecen negativamente a que el empleado se sienta aislado del grupo y agrava el problema. Una persona que sufre de depresión necesita la inclusión social.

 

A pesar de la atención que se presta a las enfermedades mentales, todavía existen concepciones erróneas sobre ellas, lo que supone que la depresión sea tratada a menudo incorrectamente según apunta la Dra. Sara Evans-Lacko, una de las autoras del informe.

 

Para finalizar, los autores del informe están de acuerdo en priorizar sobre el tratamiento de la depresión. El ambiente que rodea a una persona que sufre depresión también debe de tenerse en cuenta. La eficiencia y el uso de métodos apropiados para tratar la depresión y sus síntomas no sólo serán de ayuda para el paciente sino también para la sociedad en general. 

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